María
Salí corriendo de aquella habitación de hotel como si el diablo me persiguiera. Las piernas me temblaban todo el camino a casa. Aún podía sentirlo dentro de mí, esa estirada tan gruesa, la forma en que me había hecho gritar.
En mi apartamento cerré la puerta con llave y me di la ducha más larga de mi vida. Me froté fuerte entre las piernas, pero no sirvió de nada. Su semen se había secado en mis muslos y el recuerdo de lo bueno que se sentía no se me iba de la cabeza. Mi ex nunca me había