Lila
Seguí entrenando como si mi vida dependiera de ello. Cada mañana me encontraba con Kai en el gimnasio y empujaba mi cuerpo hasta que los músculos gritaban.
Él estaba justo ahí conmigo. Apuntándome las pesas, corrigiendo mi forma, susurrándome palabras de aliento que me calentaban la piel. La tensión entre nosotros se volvía más caliente cada día. Sus manos se quedaban en mí más tiempo del necesario. A veces lo pillaba mirándome las curvas como si quisiera probarlas. Yo también lo quería, p