—¡Señora Alicia! ¿No recuerdas que fuiste tú quien me pidió que te sirviera? ¡Eras tan insistente ese día que tenía que grabarlo para recordar el buen momento!
—¡Vete! ¡No me vuelvas a tocar, me repugnas! ¡Gente como tú debería estar en la cárcel!
Sus palabras frívolas despertaron en se momento mi ira. Recordando esa noche, no podía recordar muy bien lo que había pasado después.
No sabía cómo había llegado a mi casa. Desesperada, empecé a llorar en el balcón.
¿De dónde iba a sacar el 150 mil dól