Al verla llorar con tanta desesperación, a Hernán le dolió el corazón.
Levantó la mano para limpiarle las lágrimas y habló con dificultad:
—Mi amor, estoy bien.
Pero su rostro se volvía cada vez más pálido.
Camila nunca lo había visto así.
En un instante, el corazón se le hizo un caos.
Al verlo tan gravemente herido, volvió a sentir aquel dolor de tres años atrás, cuando pensó que él había muerto.
Las lágrimas le caían sin parar, como cuentas de un collar roto.
Apretó la mano de Hernán y, con