El chófer de su auto nos abre la puerta y siendo cuidada por los dos, subo al auto donde Taddeo toma mi mano llorando y observándome con preocupación. Sonrío intentando tranquilizarla, pero, no me es posible.
— Mi culpa — dice el pequeño yo niego.
— No es tu culpa, cariño. Ese hombre actuó mal, solo es eso. — digo y él niega.
— Soy débil, no te protegí.— dice Taddeo y yo acaricio su mejilla.
— Claro que lo hiciste, gracias a ti estoy a salvo. Ahora, no lo pienses demasiado y vayamos a cas