Después de esa extraña manera de terminar na conversación, descanso un poco en la habitación en el hotel, donde incluso Taddeo se queda dormido. Es el llamado a la puerta, el que me hace despertar solamente para ser atendida por el médico.
— Todo está bien, ¿puede decirle eso al señor Cappelletti antes de que termine internándome solo por un leve dolor? — pregunto y el doctor me sonríe.
— Es bueno que se preocupe por usted. Parece que no toma en serio los cuidados que debe tener para poder esta