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Llegamos a Paris, Francia.

Alejandro tenía razón, no era lo mismo viajar por mi sola, que estar al lado suyo. De inmediato fuimos recibidos por un hombre de traje negro y lentes de sol oscuros.

–¡Soyez le bienvenu! –Nos da la bienvenida mientras los dos bajamos del jet.

–Merci. –Le agradecí al entenderle de inmediato. El hombre se quita los lentes al verme, dejándome ver unos enormes ojos azules, mientras que su cabellera era negra

–¡Quelle belle jeune femme! –De inmediato hizo un cumplido d
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