#3:

Pasó media hora, y luego la puerta se abrió ominosamente. Ella ya había regresado a sentarse al borde de la cama y  mantuvo su rostro oculto entra sus manos.

Una tibia chaqueta de cuero cayó sobre sus hombros, ocultando las descaradas ropas que le habían puesto.

—¿ Estás bien , palomita? ¿ Te hicieron daño?- escuchó que le hablaban.

Yudith se secó las lágrimas, y miró a su comprador. Encontrándose de frente con el hombre más alto y de ojos más azules que nunca había visto.

Él tomó su mano, y tiró de ella, llevándosela por entre los pasillos.

—No tienes de que preocuparte. Yo te cuidaré ahora. Todo saldrá bien, ya lo verás.

Yudith suspiró entristecida.

Si su destino era convertirse en una mujerzuela, al menos perdería la virginidad con un hombre joven y apuesto.

El resto de las chicas no había tenido esa suerte. 

La misma noche de la subasta el desconocido la llevó a una inmensa mansión en el corazón de Madrid. Le ofreció agua para beber, comida, e incluso procuró para ella ropas más decentes.

Luego de que Yudith sació su sed, su apetito, y se cubrió adecuadamente, su anfitrión se sentó con ella en un espacioso sofá, y le explicó con lentitud todo lo que estaba sucediendo.

—Mi nombre es Xavier Farías. Soy el próximo Líder de la mafia española, y te he comprado porque…

—Sí, lo sé. Vas a tener sexo conmigo, y luego vas a devolverme al burdel.- lo interrumpió ella.

—En realidad…no.

Yudith lo miró con expresión sorprendida.

—Verás, tengo un asunto importante entre manos. Y tú podrías ayudarme.- Xavier bebió de su whisky con lentitud. – te propongo un trato. Tú y yo nos casamos, y permanecemos juntos por un año. Al cabo de ese tiempo, te daré cincuenta millones de euros, y tu libertad. ¿ Qué te parece?

—¡Estás loco!- bramó enfurecida, poniéndose en pie de un salto.- ¿ Casarnos? ¡Pero si ni siquiera nos conocemos!

Él le dedicó una sonrisa retorcida.

—Puede que sí esté loco, pero eso es lo que menos importa justo ahora, y el que no nos conozcamos es una ventaja. Así evitaremos caer en situaciones peligrosas y la familiaridad excesiva. Será un matrimonio solo de nombre. Durante ese periodo, deberás comportarte como una buena esposa, y guardar el secreto de que no hay intimidad entre nosotros. Solo eso te pido.

—¡No lo haré!- farfulló ofendida.

—Piénsalo bien, palomita. No sería lo mismo que pasaras un año casada conmigo, disfrutando de todos los lujos y riqueza que poseo, a pasar el resto de tu vida siendo una ramera más de aquel burdel.

Yudith palideció.

—¡He dicho que no!- rezongó.

—¿ No? Entonces mañana temprano te irás de regreso al prostíbulo.

Después de aquella amenaza, Xavier la había enviado a dormir a una habitación, dejándola sola con sus pensamientos.

Yudith había pasado la noche pensando en la mejor manera de escapar de aquel demente. Era imposible lo que pedía.

¿Quién en su sano juicio se casaría con un completo desconocido?

¡ Ella no! Eso era seguro.

Así que no pegó ojo durante el resto de la noche, y en cuanto amaneció, salió a hurtadillas de la habitación.

Caminó sigilosamente por los pasillos de la mansión, evitando a las sirvientas que iban y venían, haciendo sus quehaceres. Se escabulló por la cocina, sin que la viera la atareada cocinera. Salió al jardín, ocultándose tras árboles y arbustos, y rosales, esquivando a los jardineros, hasta casi llegar a la verja de entrada principal.

El guarda estaba de espaldas, y escuchando música con sus auriculares, así que ella abrió sus na pequeña puerta lateral, y salió corriendo.

Se había alejado a penas un metro de la mansión, cuando por la carretera venía un hombre montado en una motocicleta negra.

Yudith le hizo señas, desesperada.

El sujeto se detuvo y ella disparó enseguida.

—¡Ayúdame por favor! He sido secuestrada. Llévame más cerca de Madrid, te lo imploro. Sácame de aquí, te lo suplico.- sollozó, aferrándose a la chaqueta de cuero del desconocido.

El hombre se quitó el casco, perforándola con un par de gélidos ojos verdes.

—Vaya, vaya, mi prometida intentando escapar…hmm. Me siento profundamente ofendido.

—¡Xavier!- chilló ella, girando sobre sus talones, y corriendo.

Él liberó un gruñido, saltó de la moto y la persiguió.

—¡Déjame, suéltame, animal!- chilló ella, teniendo lo peor, en cuanto él le dio alcance.

—¡Que me sueltes te digo!- gritó, lanzándole una bofetada, la cuál impactó contra su rostro.

Xavier ponderó devolverle el golpe, pero luego consideró que no se vería bien que ella estuviera maltratada el día de la boda, así que no perdió el tiempo. En un movimiento rápido, se la subió al hombro, y la llevó de regreso a la mansión.

 Soportando durante todo el camino, los chillidos y gritos de ella.Varios jardineros sonrieron al verlos pasar, las criadas cuchichearon entre si, sonrojándose, al verlos llegar.

Al parecer, los criados creyeron que su patrón estaba siendo juguetón con su enamorada.

—¡No!- protestó Yudith.- ¡de regreso a ese lugar, no!

—¿Preferirías que te devolviera al burdel?- masculló el mafioso.

—¡No!- chilló ella, llorando.

Xavier gruñó.

—Sécate las lágrimas, palomita. A mí no me convencerás, ni podrás manipularme con ellas.

Entrando a la mansión, Xavier la tumbó sobre el sofá de la sala de recepción y se subió sobre ella, mirándola directamente a los ojos.

—Ahora me perteneces, palomita.

—¡Eso es mentira! ¡Soy una mujer no una cosa! ¡ Y soy libre! ¡No soy de nadie!

Él elevó una ceja.

—Yo compré tu libertad. Me costaste dos millones de euros, y según lo veo, podemos llevar esta fiesta en paz, o puedo hacerte la vida miserable.

Yudith tragó en seco.

—Puedo devolverte ese dinero. Yo…yo podría trabajar para ti. Yo…

—Hmm, el único puesto que me interesa que ocupes es el de mi esposa.

—¡No lo haré!

—Bien, si no me obedeces por las buenas, lo tendrás que hacer por las malas.- él se movió, poniéndose en pie. - ¡Zenaida!- bramó.

Al instante, una Señora cuarentona y de expresión seria apareció por el pasillo.

—¿Me llamó, mi Líder?

—Así es. Mi invitada estaba deambulando sola por los terrenos, incluso salió a la carretera. Pudo haberse perdido o sufrido un accidente. Que la custodien dos guardias y que la mantengan encerrada en su habitación, hasta nuevo aviso.

—¡No puedes hacerme esto!- chilló Yudith

Él no respondió, solo se limitó a sonreír, elevando la comisura de sus labios.

Xavier se encerró en su despacho, sirviéndose un vaso de whisky y concentrándose en hacer llamadas importantes.

Mientras bebía, se preguntó por qué la pequeña palomita se mostraba tan reacia a casarse con él, al punto de intentar escapar…

Él no era para nada difícil de mirar.

Sus uno noventa, su aspecto de deportista y su hermoso rostro, lo hacían deseable…sin embargo, esa chica de uno sesenta lo había abofeteado, pateado e incluso arañado en un intento desesperado por huir de él.

¿Hmm?

Antes de ser vendida al burdel, ella de seguro tenía una vida.

Tendría un novio, ¿quizás?

¿ Estaría enamorada de otro hombre?

Su suposición parecía muy probable.

La ama de llaves la había encerrado en su habitación, y un par de gorilas armados la vigilaban constantemente.

Caminó de aquí para allá durante horas, y se mantuvo en su habitación todo el tiempo que pudo, hasta que a la mañana siguiente, la misma Zenaida fue a buscarla, la subió a la limosina y la forzó a hacer un recorrido por tiendas, Spas y joyerías.

De pie, frente al increíble y gigantesco espejo de la boutique, Yudith se contempló , casi incapaz de reconocerse a sí misma.

Una costurera componía la hermosa tela blanca de bordados, con la que confeccionaría su velo, mientras que otras dos, ponían pines aquí y allá, para ajustar su vestido de novia.

Las circunstancias de su vida habían cambiado drásticamente en los últimos días.

Y sin lugar a dudas, no para mejor.

—¿Es de su agrado el vestido, Señorita?

La increpó la encargada de la tienda, y ella parpadeó un par de veces, regresando al presente.

Volvió a contemplarse en el espejo, y se espantó de lo cambiada que estaba.

Habían cortado y estilizado sus cabellos, le habían hecho manicura y pedicura, e incluso la habían llevado a un spa, para recibir masajes y tratamientos faciales. Todo con el objetivo de embellecerla para su futuro esposo.

Yudith bufó.

Todo para hacer más creíble la gran mentira que sería su boda.

—¿Por qué hacemos esto?- preguntó ella, nerviosamente, cuando comenzaron a escoger un vestido de novia que le quedara adecuado.

—¿Oh, acaso no lo sabe, Señorita? El Señor Xavier ha anunciado que ustedes se casarán dentro tres días.

Yudith tragó en seco.

A pesar de que ella le había dicho buen claro que no estaba de acuerdo con aquello, esa terrible bestia seguía adelante con sus macabros planes.

Por la tarde, luego de un almuerzo ligero, la llevaron a la floristería más cara de la ciudad.

Allí le presentaron muestras de diferentes telas para confeccionar los lazos que decorarían la ceremonia, e incluso le pidieron escoger entre diferentes tipos de flores.

Con marcado desdén, ella pidió las telas más costosas y las flores más caras.

Asegurándose de encargar centenares de todo.

En un deseo feroz por arruinar al imbécil que quería obligarla a convertir el acto más sagrado y feliz en la vida de una mujer, en un simple intercambio de anillos y dinero.

Al final, los lazos le parecieron a Yudith horrendas cadenas, y las rosas monstruosas plantas carnívoras.

— Debería sentirse afortunada, señorita.- Susurró la ama de llaves.- de entre los miembros de nuestra organización, el señor Xavier es elas amable y gentil porque hasta muy poco estubo en el destierro y ahora ha regresado a causa de la muerte de la muerte de su padre. Solo obedezcalo y le aseguro que no tendrá problemas.

¿Amable y gentil? Pensó Yudith. ¡Ese animal sigue un mafioso de m****a!

Ella sabía, que su vida de ese momento en adelante, sería un desastre. Sin embargo, lejos de estar entristecida o sentirse derrotada, planificó en su mente una estrategia para librarse de las garras de su opresor.

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