Dos horas después:
En algún lugar de Madrid.
—¿Y ella no sospechó nada?
—Por supuesto que no. Soy una profesional.
—Vale. Espero que lo que me ofreces valga la pena, Kristal.
—Ay, por favor, Clarisse. Fuimos amigas, hace tiempo. ¿ Crees que te engañaría?
La rubia asintió, colocándose los audífonos y reproduciendo la grabación que la otra mujer le había entregado.
Lo que escuchó la hizo sonreír.
De pura e increíble felicidad.
—Pues sí.- se quitó los audífonos, y le pasó el sobre con el dinero a