Yudith:
Oh, por los mil infiernos.
¡No puede ser!
Lo miro horrorizada.
Él por su lado, me contempla divertido.
—Sí, amorcito. Lo has adivinado bien. Soy yo.
Yo había intentado borrar aquella pesadilla de mi mente.
Había intentado sacar a aquel muchacho ensangrentado y moribundo de mi cabeza, pero resulta que al muy jodido cretino lo tengo justo en frente.
Él se acerca a mí, rodeando mis caderas. Y estrechándome entre sus brazos.
—El destino tiene sus curiosidades, ¿no crees, palomita