—Oye, ¿Qué acabas de decir? —dijo el lobo, gruñéndome con rabia.
Eso me dio miedo, estaba caminando hacía mí como si quisiera devorarme.
La chica rompió en llanto otra vez, su nariz se enrojeció y cayó de rodillas al suelo.
—Nada. —respondí, encogiéndome de hombros, no tenía por qué darle explicaciones.
Mi respuesta no le gustó en lo absoluto, lo supe porque soltó un gruñido que sacudió la habitación entera. Si quería, podía matarme en cualquier segundo.
—Repite eso. —ordenó, con poca paciencia