Fue una jornada intensa, Iker me llevó hacia un rincón donde estábamos un poco más a solas y allí pudimos estar sin cuidado. Los gritos de placer inundaron mi cuarto y quedé desplomada sobre mi cama, agotada y extasiada al máximo de lo que creí posible. En estas semanas había disfrutado más que en mi vida entera, la pasión me había sumergido en unas aguas relajantes y pasionales.
—Ya no estás enojada. —aseguró Iker, tapándome con una cobija y acomodando mi almohada para que estuviera más a gust