Platicar con Ema me hacía bien, en mi corto tiempo en la mansión se había convertido en mi confidente y en la persona en quien más confiaba.
—Tienes el cabello enredado. —me dijo, inspeccionando los nudos evidentes. No me había molestado en peinarme cuando volví, debía tener un desastre allí arriba.
Ella comenzó a desenredar mi cabello con paciencia.
—Me gusta mucho la peluquería. —dijo mientras comenzaba la ardua tarea, nos sentamos sobre la cama para que fuera más sencillo. Con las yemas de s