(Narra Iker)
Un presentimiento me erizó el pelaje ni bien el auto se detuvo, quizás a Keira le estuviera sucediendo algo. Un vinculo invisible nos conectaba y eso me hacía sentir parte de sus emociones más fuertes. Para cualquiera, el ver un lobo de mi tamaño lo haría mojar sus pantalones al instante y este sujeto no era la excepción.
—¿Por qué tiemblas tanto? —pregunté, olfateando el temor intenso que salía de él. —Trabajas en la casona de los lobos, deberías estar acostumbrado.
—No, no… —emp