La vuelta a la mansión fue más tranquila, el estaba satisfecho y yo, en las nubes. Tener ese vigor y esa fuerza dentro de mí me hacía sentir imparable. Entré a la mansión con una sensación ardiente en mi pecho, con mi ropa desalineada y rastros del amor en todas partes. Me tomaba de la mano, acariciando mis dedos con suavidad y luego mi brazo. Tenía la complicidad de un amante.
—Han vuelto temprano. —dijo Aylin, saludando con amabilidad. Ella solía estar siempre en la zona del living, donde iba