Capítulo XXIII. El castigo de Medusa.
Ruyman.
Al entrar en la suite sinceramente sentía que había vivido el día más largo de mi vida, y eso ya era extraño, ya que en ocasiones cuando había que cerrar tratos o programar funciones, el día perfectamente podía pasar de veinticuatro a cuarenta y ocho horas de manera interrumpida que, a exención de alguna cabezada en el sillón o en la habitación adjunta de mi despacho, eran sesiones maratonianas. Pese a eso, sentía que este día, había sido aún más largo.
Mientras me ponía cómodo, una voz