Grace
—Vuelve a casa, renuncia a tu trabajo y la próxima semana te casarás con Charles.
Miré al hombre despiadado que estaba sentado al otro lado de la sala, como un rey que dictaba el destino de alguien inferior a él. No gritaba, pero sus palabras tenían la autoridad y el poder de un hombre tan acostumbrado a que lo obedecieran que olvidaba que las personas no eran objetos que pudiera mover a su antojo.
Pensé en mil cosas que decir. En mil maneras de gritar que no, pero no me salió ni una palab