Grace
Tuve que morderme el labio para comprobar si estaba soñando o no. Pero aun cuando sentí el dolor, no me desperté.
No era un sueño. Era la realidad. Una realidad espantosa, humillante y devastadora que empeoraba a cada segundo.
Vivian, Landon e incluso algunos de los invitados cercanos me observaban; habían interrumpido sus conversaciones para seguir la escena. Sentía cómo su curiosidad me quemaba la piel.
Miré a Adam. No, al señor Reed. Tragué saliva con esfuerzo. Tenía la garganta seca y