Apollo
En cuanto se abrieron las puertas, lo primero que vi fue la mano de Chase.
Todavía sostenía la de Grace y el pecho le subía y bajaba como si acabara de correr un maratón. Suspiró aliviado y hasta tuvo el descaro de sonreír, como si estuviera orgulloso de haberla arrastrado hasta ahí a tiempo para la reunión.
Frunció el ceño y los dedos se le movieron inquietos.
—¿Por qué siento que alguien me fulmina con la mirada? —murmuró entre dientes mientras se rascaba la nuca. Miró por toda la sala