POV DE LISA
Más tarde ese día iba sentada en el auto de Franklin, viendo la ciudad pasar por la ventana.
—Tu gente es rara —dije.
Franklin se rió.
—Esa es una forma de decirlo.
—Todavía no entiendo por qué Nadia reaccionó tan fuerte porque me llevaras a pasear. Casi sonaba como si estuviera celosa.
Franklin me miró de reojo, divertido. Levanté una ceja.
—¿Hay historia ahí?
Se rió más fuerte.
—Dios, no. Nadia es... —negó con la cabeza e hizo un gesto entre nosotros dos—. Ella está muy po