Jake sonrió satisfecho, como si hubiera conseguido lo que quería. Me tomó de la mano y me pidió que me sentara en su regazo. Tonta de mí, nunca podía resistirme a nada de lo que hacía.
Me senté en su regazo y sentí su pene presionando contra mi entrepierna. De repente me di cuenta de que algo faltaba: no llevaba ropa interior. La había dejado en el suelo del estudio de Jake.
—¿Qué pasa? ¿Por qué estás tan pálido?
—Creo que dejé mi ropa interior en tu habitación —dije. Jake se rió entre dientes,