- ¿Mi derecho? Arqueé una ceja.
- Por supuesto, después de todo lo que has trabajado, te mereces estar ahí. Sé cómo ser un hombre muy agradecido, créeme. Y ahora, por Dios, entiende que no te estoy persiguiendo, no estoy celoso de Héctor y mucho menos... En ti.
- Vale, ya dejaste claro que no te gusto... Desde entonces. - Empecé a reír. - Te confieso que me pareces un bombón, jefe.
Inmediatamente se sonrojó y sus ojos azules se entrecerraron:
- Eres hermosa bebé. Pero...
- No necesitas justific