Mundo ficciónIniciar sesiónSu dedo alcanzó mi punto de placer, haciéndome gemir, retenido por su boca.
Los labios de Héctor descendieron a mi cuello, el cual lamió antes de hacer un chupetón, sus dedos no se olvidaron de mantenerme excitada.
- Por qué no me dejas que te toque... Joder. – me quejé de nuevo.
Se rió seductoramente, mordiéndome el labio, con ternura y delicadeza:
- Si te dejo ir, sé que te escapará







