Intenté abrir los ojos, pero podía oler el buen olor que me envolvía por todos lados. Era él... No tenía dudas. Sabía que íbamos en un auto... Pero él no conducía, porque... Me sostenía en sus brazos... La mitad de mi cuerpo estaba sobre él y el resto en el asiento.
¡Qué carajo! ¿Adónde me estaba llevando? ¿Casa?
- ¿Cree que se puso rudo con ella, señor? Escuché la voz en el asiento delantero.
- La señora Bongiove es fuerte. No te preocupes, Anon.
Vale, Anon defendiéndome. Me gustó mucho desde