- ¿No puede esperar para saciar su sed, señorita Novaes? La mujer ya sabía mi nombre. Esto no fue bueno.
- No tengo sed... Necesito tomar un analgésico. - Expliqué.
- Traiga agua para la candidata, señorita Macedo. – preguntó secamente Heitor Casanova.
En poco tiempo, trajeron un vaso de agua en una bandeja, especialmente para mí. Abrí la bolsa y saqué dos pastillas más. Miré el reloj y no me había dado la cantidad de tiempo que necesitaría entre dosis, pero era imposible tomar más tiempo.
Tomé