Llegué al hospital con los dedos doloridos de tantas veces que llamé a Héctor y su teléfono se quedó apagado.
Pensaría que me perdí nuestra cita a propósito, sin siquiera dar una explicación. Pero tenía una razón... Mi abuela era lo único que tenía en mi vida, mi pariente de sangre... Lo que quedaba de mi madre, mi familia.
Esperé más de tres horas antes de que me dejaran entrar para verla. Ella estaba en cuidados intensivos, pero como yo venía de muy lejos y era su único familiar, me permitier