- Vamos, discúlpate. – ordenó Héctor.
- Lo siento... Bárbara. – Dijo el hombre, casi sin voz.
- Fuerte... Ella necesita escuchar. – dijo Sebastián.
- Lo siento, Bárbara. - Repitió, pero no creo que su voz saliera más fuerte que eso.
- Devuélvele el dinero. – habló Héctor con los dientes apretados. - ¡Ahora!
- Suéltame... Y te lo devolveré... No sé cuánto... Pero tengo... Te lo devolveré.
- Puede que ni siquiera lo recuerde. ¿Cuántas mujeres debe haber robado ya este descalificado?
Una persona e