Salma arqueó la ceja, mirándolo:
- Tú... No eres uno de los bailarines, ¿verdad?
- No... Solo soy el cantinero. - Él sonrió.
Se sentó en el sofá, con las piernas en alto, haciéndonos sitio:
- Lo siento por un sofá de tres plazas solamente ... Pero aquí somos tres. Él sonrió, explicándose.
Se sentó y yo acerqué uno de los sillones, porque me pareció extraño hablar con él y Salma cuando los tres estábamos uno al lado del otro, teniendo que mirar alrededor. Creo que a veces también tuve TOC , como