Isabela no apartó su mano. La dejó allí, aunque la temperatura contra su piel era un poco incómoda, y más que eso, le preocupaba el estado de él. Sabía que había sido atendido y de seguro los medicamentos ya administrados, pero aun así no podía estar tranquila.
-No me voy a ir. Tengo que mojar de nuevo la banda para ponerla sobre tu frente y también secarte un poco. Estás empapado en sudor.
-¿Tú lo vas a hacer?- la pregunta de él sonó bastante grave.
-Soy la única que está aquí- e Isabela no ha