No miró atrás, presa del pánico. Ni siquiera tomó en cuenta como era mirada por los que estaban a su alrededor. Ella, con el cabello alborotado, sangre en su boca, que bajaba por su barbilla y machaba su blusa, su rostro lleno de lágrimas y corriendo como si su vida dependiera de ello. Y era así. Había mordido el miembro de ese hombre con toda la fuerza que había podido, aunque sabía que solo le había provocado un poco de daño. No sabía y no miraría a atrás para comprobarlo.
Todo su instinto l