Giovani en serio creía que aquella escena era ridícula, la verdad. Estar en medio de un restaurante famoso de toda la ciudad con una mujer delante de él, llorando, sabiendo bien que ella solo lo hacía cuando se arruinaba su cara manicura que de por si paga él, era bastante para agotar su paciencia.
-Samatha, no hagas un espectáculo- le dijo de forma calmada tomando un sorbo de su copa de vino.
La mujer parecía desconsolada delante de él.
-Pero me acabas de decir que íbamos romper- sollozó, aunq