Isabela miraba el papel delante de sus ojos que era un recibo de su estado de cuenta actual.
-Esos… son muchos ceros- miró a Giovani sentado sobre la cama a su lado, boquiabierta.
Él le sonrió jugando con uno de los largos mechones de la cabeza de la mujer enrollándolo en su dedo. Ambos estaban sentados recostado contra el respaldar de la cama de hospital, la cabeza de ella descansado sobre su hombro.
-Pues si cariño. Ahora puedes decir con toda la propiedad del mundo que eres millonaria- le di