Ya casi había perdido la cuenta de las tantas veces en las que cerré los ojos esperando mi muerte, muchas de ellas incluso deseándole, en parte ya no quería seguir sufriendo, y ahora, no quería que mi bebé sufriera todo lo que había sufrido yo, pero tampoco podía perdonarme el no poder conocerlo, el no poder hacer que crezca como un niño feliz, cosa que yo no pude.
Mi vida entera había sido una mentira, la mujer a la que creía era mi madre no lo era y además, me había perdido el crecer en el s