58. De camino al palacio
—Lo lamento, mi señor —interrumpió Altivir con falsa cortesía—. Le falta algo de práctica.
Cassandra se apresuró a arrastrar a Serena fuera del salón.
—¿Dónde la compró? —preguntó Marcus, aún en shock.
—Fue una adquisición de mi ama de llaves en la Plaza Roja. Es una joya, ¿cierto?
—Cierto... —respondió Marcus, atando cabos—. La compraré.
—¿Mi señor...? —Altivir palideció. Serena era su posesión más preciada. La obsesión le impedía siquiera imaginar verla en manos de otro, aunque fuera el Rey.
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