Claverio condujo hasta el Banco Central, su corazón latiendo con fuerza mientras el paisaje urbano pasaba rápidamente por la ventana. Estacionó a una cuadra del banco, su mente llena de pensamientos sobre lo que estaba a punto de hacer. Se bajó y caminó por la calle, con toda la gracia que el mundo podía reclamar en su ser. Era la primera vez que recorría una calle desde que salió de la cárcel, y la sensación de libertad era abrumadora.
Todo había cambiado un poco. Las tiendas lucían más moderna