Me senté en mi tocador, sintiendo el dolor punzante en el corazón. Aún estaba afligida y no podía creer que Ángelo siguiera ocupando un lugar en mis pensamientos. Era doloroso, especialmente después de todo lo que me habían hecho. Las tantas veces que mandaron gente a la cárcel para torturarme. Debo ser ahora aún más fuerte para poder soportar esto.
La fiesta había culminado, pero la cara de Esmeralda no lucía contenta. Sospechaba de algo y hasta que no encontrara respuestas, no estaría satisfec