Esmeralda no descansó; lo que había pasado la estaba volviendo loca. No había forma de sacarse a su hermana de la mente. Hablaba como una desquiciada, maltratando a cualquiera que se le acercara. Una de sus amigas, Cinthia Don, hija del presidente de la corporación petrolera y su confidente más cercana, decidió confrontarla.
—¡Oye, Esmeralda! Tienes todo el día maltratando a todo el que te hable, hasta a los que te saludan. ¿Qué te pasa?
—¡Esa m*****a está viva! Volvió para estar con mi hombre,