Mundo ficciónIniciar sesiónAdal nunca podría desearme. Al menos no ahora cuando la verdadera dicha había tocado a su puerta. Hacía seis meses que tía Amanda, borracha de alegría, entró en la cocina y soltó la noticia: “¡Adal será padre!” Sí, la mujer chamán esperaba su primer hijo, el hijo de mi amado Adal. El alma se me cayó al suelo después de escuchar esas palabras. La última esperanza que yo guardaba de tene







