Mundo ficciónIniciar sesiónPasaron varias semanas sin saber de tía Amanda o Adal. Me sentía tan culpable que la pena y la desolación me hicieron sentir súbitamente enferma. Pero nadie lo entendía, pues ningún síntoma físico se evidenciaba. Lo que no sabían era que estaba enferma del alma, desesperada, cada día más avergonzada de mi terrible posición. A veces Emiliana me visitaba a mi habitación, donde yacía lívida y







