Mundo ficciónIniciar sesiónMe llevó a su cuarto en los brazos, tiernamente, como quien lleva a un niño que se ha quedado dormido. Me acostó sobre la cama y mis manos nerviosas reposaron sobre mi pecho. Todavía llevaba la impresión que me había causado nuestro primer encuentro. Pero Adal me miraba maravillado, quitándose la franela y el pantalón, y cuando estuvo desnudo frente a mí, asustada, volví la vista a su cara. Me aseguró que esta vez no







