DE LA ANSIEDAD AMOROSA (4)

Lloraba. Me sentía tan sola y perdida, pese a que estaba entre conocidos y gente de confianza, visitaba constantemente a mis padres, e incluso, me había vuelto más humilde y ayudaba a los débiles y vulnerables.

Sabía que Adal era un espejismo del que me había enamorado, y de no ser por una revista que me mostró Emiliana y que no supe de dónde la sacó, yo no habría podido aceptar que él era real.

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