Mundo ficciónIniciar sesiónNos engañamos mutuamente. No había muralla que contuviera esa pasión ardiente y loca. Ahí nos encontrábamos, en el lugar donde éramos humanos, donde no existían las luchas, los resentimientos o las peleas. Al filo de la madrugada, bajo las cobijas y al calor de nuestros cuerpos pegados, posó sus labios en el lóbulo de mi oreja y fue recorriéndolos a lo largo de mi cuello, mientras yo sentía con delicia su deseo crece







