Capítulo 105. Es nuestra
Belinda miró a Irina dormida en su cuna y su corazón se llenó de ternura, aunque cada día ella crecía y ganaba peso, le parecía que aún era muy pequeña y frágil.
—¿Está dormida?
La joven levantó su rostro para encontrarse con los ojos curiosos de Andrea, había visto poco a su amiga en los últimos días.
—Sí, se ha quedado dormida luego de comer —musitó Belinda, volviendo a su escritorio.
—Es muy linda.
—¿Qué esperabas? Es mi hija —respondió ella sin vacilar.
Andrea sonrió y se sentó en la silla