—Izan... — murmuró con su voz quebrada, llevando una mano temblorosa a su cabello despeinado, mientras la tristeza se reflejaba en cada uno de sus gestos —, ¿Por qué estás aquí? — Sus dedos se aferraron a su vestido como si fuera su única conexión con la realidad—, ¿¡no tienes suficiente culpa ya!?
Izan tragó saliva, sus ojos buscando desesperadamente los de ella. Ni siquiera había podido ir a ver a su tío, evitando ver ese odio reflejado en su mirada.
—Lo siento... No quería que esto sucediera