La llevó a su pecho y peinó su cabello con sus dedos, los dos permanecían en silencio, tratando de asimilar lo que había sucedido. Sus respiraciones se normalizaron lentamente y se miraron mutuamente, solo pudieron pronunciar con una sonrisa en sus labios y sin arrepentimiento en su mirada:
—Te amo, princesa. Te amo, con todas mis fuerzas.
—También, te amo... — beso, sus labios —, siempre lo he hecho, príncipe…
*****
Izan salió muy temprano, dejando a Alana dormir plácidamente mientras él se fu