Desear es malo y esconder es bueno.
Sam continúa en silencio.
A veces nuestro corazón parece elegir, pero de la elección brota una decisión que, aunque duela, se acomoda y solo se ajusta a lo que se niega sentir.
La cabeza me duele y el pecho también cuando el auto se detiene frente a la tienda; bajo enseguida.
Y él solo se va.
Una lágrima recorre mi mejilla y suspiro, siento cómo a poco mi alrededor se quiebra.
Limpio mi rostro como puedo y entro.
El vendedor parece alegrarse con mi llegada, como si supiera que el maneki‑neko sa