Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl eco de la primera embestida todavía vibraba en el aire denso de la habitación. Liam no era el hombre comedido que vigilaba las puertas; ahora era una fuerza de la naturaleza, un hombre que descargaba en cada movimiento meses de frustración y deseo contenido. Mía, con la espalda hundida en el colchón y las piernas rodeando la cintura de su guardián, sentía que su mundo de cristal se hacía añicos con cada







