—Bien… —suspiró Lana una vez más, esta vez con alivio—, al menos estás bien.
—Casi toda… —Sophie señaló el obvio detalle de su brazo izquierdo—. Me lo han puesto muy ajustado, casi no puedo mover un dedo.
—Sí… Lo que pasa… —Parecía incómoda—. Es que te has golpeado muy fuerte el brazo, por suerte no te has roto la muñeca, pero estuvo increíblemente cerca. —La mirada de Sophie reflejó espanto, pero ella se dio prisa en aclarar el tema.
»Sólo si se hubiera roto, pero no es tan grave. —Parecía a