Solo podía dejarse torturar por el dolor y sentir cómo lo iba devorando por partes, desmoronando cada partícula de su ser.
Era como asfixiarse, similar a estar en un incendio y que no pueda respirar, le dolía de solo intentarlo, las pocas fuerzas que le quedaban lo abandonaron cuando echó su cabeza para atrás, recostándola contra la madera y cayó presa de la fatiga, quedando prisionero de el sueño que había acumulado.
Pocas horas habían pasado cuando el sonido del teléfono en su estudio lo des