Mario salió de la oficina de Raffil con la cabeza llena de pensamientos. La conversación con su amigo había removido emociones que llevaba años intentando enterrar. Mientras caminaba hacia su auto, las palabras de Raffil resonaban en su mente como un eco persistente: "Han pasado quince años, Mario. Esa mujer se fue. Ambar está aquí, ahora. ¿Qué más necesitas para decidirte?"
Encendió el motor de su coche, pero no arrancó de inmediato. En lugar de eso, se quedó mirando fijamente el volante, perd